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DANA POPA DOCUMENTA EL INFIERNO

Dicen que Don DeLillo, mientras escribía Mao II, trabajaba con dos carpetas, a una la llamaba “arte” y a la otra “terror”, nunca será el único. ¿Quién se atreve a describir el trabajo de Dana Popa, “Not Natasha” de “maravilloso”, si no es con otra carpeta a su lado que rece “terrible”?

Dana Popa (Rumania, 1977), bajó a los infiernos de la mano del Open Society Institute para documentar lo que queda de un grupo de mujeres que han sido víctimas del trafico sexual durante años.

Dana Popa, de la serie "Not Natasha" (2006)
 
Explica que son engañadas por amigos, por vecinos que les prometen un trabajo en la ciudad que las va a sacar del hambre y la pobreza. Son mujeres que jamás hubieran abandonado su aldea. Su pecado es que no fueron capaces de intuir que lo peor las esperaba tras la puerta de sus casas. Retratos de lo que queda de unas mujeres que sobrevivieron a la sordidez, al canibalismo y al inframundo.

Los depredadores ya no viven entre baobabs, ahora llevan planchados los cordones de los zapatos y beben Veuve Clicquot entre millonarias obras de arte, como si eso fuera a apagar el ruido de fondo que, de noche, a solas, emite su eterna maldad.
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"THE FAMILY OF MAN", EN TODA SU VIGENCIA

"The family of man" en el MOMA (NY)
“The Family of Man” ha sido la exposición fotográfica con mayor itinerancia y más vista de todos los tiempos, con más de 9 millones de espectadores. Su catálogo ha sido el libro de fotografía más vendido de toda la historia. Este es el “momento Guinness de los Records”.

La exposición se inauguró en enero de 1955 en el MOMA de Nueva York y viajó durante siete años por 38 países. Edward Steichen, que en ese momento era el director del departamento de fotografía del MOMA, fue su comisario. Actualmente permanece en el Château de Clervaux (Luxemburgo) donde forma parte del Programa de Memoria Histórica de la UNESCO. Este es el “momento dato”, pero te ayudará a entender mejor lo que sigue.

"The family of man" en Clerveaux (Luxemburgo)
Steichen fue un intelectual, de los primeros artistas que condujo la fotografía a las galerías de arte, a los museos. Pionero de la fotografía contemporánea, Steichen fue a la fotografía lo que Freud, al psicoanálisis. Estamos ante grandes visionarios, mentes muy superiores y su aportación es inmesurable. Cualquiera de nosotros necesitaría tres vidas para hacer los que estas personas hicieron en una. Ni un minuto en vano.

Pero ¿cuál fue el sentido de esta inmensa exposición?, y su tema... ¿de qué se trataba?, ¿por qué se movió por todo el mundo?, ¿qué hizo que tantas y tantas personas fueran a verla?, ¿cuál es su magia?... y sus críticas, ¿hacia dónde fueron sus críticas?... 


Los antecedentes: Esta exposición se gestó en un contexto de enorme incertidumbre y mucha tensión debido a la Guerra Fría. Hiroshima estaba a la vuelta de la esquina, millones de personas habían visto los espantosos efectos de la bomba atómica y vivían bajo la terrible amenaza de una guerra nuclear. Por otra parte, la ONU empezaba su andadura y la controvertida Declaración de los Derechos Humanos no había hecho más que ver la luz.


El tema: “The Family of Man” reafirma la fe en la humanidad para una audiencia que, como la mirada de un niño que ha visto cosas que no le corresponde ver, vivía bajo la amenaza de su propia extinción. Fue creada, en palabras de Steichen, “en un apasionado espíritu de amor devoto y de fe hacia el ser humano”. Enfatizaba la paz, el amor al hombre, la conciencia humana más allá de la conciencia social. Presentaba a un hombre sin fronteras, sin etnia, ni grupo social o económico, geográfico o político.
La instalación disponía las fotografías por temas (amor, nacimiento, trabajo, familia, educación, guerra, paz...) de un modo totalmente innovador, por fuera de todos los esquemas con los que entonces se contaba.



La crítica: a “La Familia del Hombre” no le faltaron detractores, a Steichen tampoco. Las hay a decenas, desde los aspectos puramente formales, como que las fotografías son demasiado homogéneas en tonos, hasta los que señalaban la intencionalidad de Steichen y su código ético. Muchos le tildaron de tener una mirada demasiado naïf hacia el mundo, de comisariar una exposición moralista, ñoña, si me lo permitís, donde la individualidad y la identidad de cada retrato, de cada grupo etc., quedaba subordinada a una actividad común de todos los seres humanos (por ejemplo el trabajo, la educación). Hubo quién sospechó de tener una intencionalidad política (para los americanos liberales encarnaba la amenaza comunista, en España, por ejemplo no se mostró. Para los defensores del relativismo cultural suponía un grave peligro ya que subordinaba el valor de la tradición y de la diversidad en aras de representar las actividades comunes de la humanidad, asistíamos a la globalización del género humano mucho antes de que el concepto de “aldea global” existiera.


Los fotógrafos criticaban que Steichen, que había luchado durante décadas para elevar la fotografía a la categoría de arte como una entidad autónoma e independiente de la pintura, la usara ahora como forma de comunicación al servicio de un tema como la humanidad. Vieron una terrible osadía que cada imagen estuviera descontextualizada y que ambos, foto y autor, estuvieran al servicio de comunicar el tema principal. Ninguna fotografía aparecía como obra única, sino que cada imagen representaba las letras de una enorme carta que se le escribía a toda la Humanidad. Nadie era el protagonista de nada. La motivación principal era la supervivencia del Ser Humano en un clima de crisis nuclear, el narcisismo de los autores estaba en segundo o tercer plano, no era relevante.


El reto: Steichen se enfrentaba a un reto muy muy difícil. Esta exposición se gestó con la intención de que fuera contemplada por un inmenso grupo de gente, millones de personas. El punto era crear un sentimiento de confianza, de calidez hacia el ser humano en un clima lleno de suspicacia, desconfianza y división. Era cocinar un inmenso y exquisito caldo caliente apto para todos los paladares del mundo. 


Esta vez Steichen no promovía la fotografía como arte y a los fotógrafos como artistas, sino que jugaba a otro juego, con otras reglas. Esta vez se trataba de que la fotografía sirviera de lenguaje inteligible para una audiencia global, que el mensaje pudiera ser descifrado igualmente por el indio guatemalteco, por el moscovita o el japonés.
No creo que la actitud de Steichen fuera ingenua y plana, que tantos años y tantas horas dedicadas de lleno a esta exposición tuvieran una intención moralista y escolar. De hecho, creo que Edward Steichen adoptó una actitud sumamente responsable y de liderazgo moral en un momento en el que era necesario que los valientes se pronunciaran e hicieran. Un momento no muy distinto al que estamos atravesando ahora.
Como dice una querida amiga, “en la vida puedes hacer muchas cosas, pocas o ninguna; pero si no intentas nada, nunca harás nada”.
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LA FOTOGRAFIA TAMBIÉN SE LEE

¿Quién decía eso de “no estoy solo, contengo multitudes”?

Películas y series, la piel suave, el agua salada, andar descalzo, las noches al ras, la brisa en el vientre… libros y más libros, todos los que, no se cuándo, no te dio tiempo a leer.

Y el tiempo pasa y llegan más y más personajes que vienen a quedarse para siempre. Entran, se acomodan, ocupan la infinidad, no hay estrecheces. El bueno de Trootwood, el dichoso de Vronsky, el corazón de Valjean, el maestro Yehudi te enseña a volar, Pereira sostiene los días extraños, no hay adolescencia más deliciosa y eterna que la de Holden Caufield… ¿a dónde irán a parar los patos de Central Park en pleno invierno?.

“On Reading” es un homenaje que André Kertész dedica a la lectura en un proyecto que desarrolló durante más de medio siglo. Sus fotos reflejan la esencia de una actividad tan íntima y personal como universal, y cómo no, se materializó en un libro editado en 1971. “On Reading” es la esencia de la relación del hombre con las realidades alternativas, con el mundo imaginado, tan intangible como real.

André Kertész, Paris 1927

A Candida Höfer le gusta plantear su obra seriada, la tipografía es una manera de ver el mundo. Höfer cuenta la historia de la civilización en un abanico de similitudes y variaciones, espacios vacíos que, sin embargo, exhiben todo su potencial humano. Kertész es la presencia, la calidez del tacto, hay un “nosotros” que palpita en su fotografía. Candida es la presencia a través de la ausencia, el lado más humano de la matemática discreta.

Candida Höfer, BNF Paris XXIII, 1998
Cándida Höfer y André Kertész tienen mucho en común, te enseñan a mirar la fotografía más allá de la fotografía, a “leer” la fotografía. ¿A dónde irá a parar eso que decía Mallarmé de "todo en la tierra existe para terminar en un libro"?
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CIERRA LOS OJOS

Sophie Calle, "Los Ciegos" (1986) 
Las imágenes evocan palabras y las palabras evocan imágenes que no necesariamente han de entrar por los ojos.

Sophie Calle preguntó a un grupo de ciegos de nacimiento qué era para ellos la belleza, y éste fue el fundamento de un proyecto que duró dos años y acabó en 1986: el resultado se llama “Los Ciegos” (1986). Cada parte de la serie se compone del retrato del invidente y una o varias imágenes (a veces tomadas por él mismo) que apoyan su testimonio en palabras.

En nuestra sociedad el sentido de la vista cotiza bien alto. Pero a menudo nos conviene cerrar los ojos, es la mejor manera de mirar las cosas en toda su magnitud.

Texto en foto 1:
 "Cuando me dicen que un hombre es rubio y tiene los ojos azules, pienso que debe ser guapo. Pienso que los rubios son guapos. Quizás porque hay pocos. Y la palabra "azul", con sólo decirla, ya es hermosa. Me han dicho que mi marido es guapo. Eso espero. Y me han dicho que, en la Costa Azul, las montañas se reflejan en el mar y los paisajes se mezclan. Debe ser hermoso."



Sophie Calle, "Los Ciegos" (1986) 
Texto en foto 2: 
 "De la belleza he hecho mi duelo. No tengo ninguna necesidad de imágenes en el cerebro Como no puedo apreciar la belleza, siempre he huido de ella". 

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GERMAN HEART

Mae West de Rita McBride, es una escultura de 52 metros de altura, está en Múnich y a día de hoy es la mayor obra de arte público de Europa.

“Day After Day” (Alexander Hick, 2011) es una película documental que trata de la relación que tiene la gente de la calle con Mae West, y aquí está el milagro. Cada uno expresa su opinión, como es lógico… pero todos tienen algo en común. Mae West, ese enorme armazón de fibra de carbono, consigue poner romántico y nostálgico al corazón alemán más blindado.

Decir que las relaciones son cosa de dos o más es una obviedad, pero saber dónde estamos posicionados en ese tándem no es tan fácil e implica una mirada generalmente templada, distanciarnos unos cuantos metros de nosotros mismos y asumir nuestra parte. No es poco.

En un código narcisista, como en el balancín de un parque, sólo hay dos posiciones posibles. La presencia de emotividad es codificada como algo bajo, indeseable, siendo el ideal la frialdad, la total neutralidad afectiva. Pero nuestra Mae West, gris, fría y altiva, ya ocupa ese lugar y el buen alemán de a pie ha de colocarse, sin remedio, en el asiento que queda para equilibrar esa balanza. En pocos minutos el documental se convierte en una galería de vecinos románticos, emotivos, demandando afecto, demandando parterres con flores y llenos de nostalgia. Unos confiesan su deseo de pasar con el tranvía por debajo, otros buscan su utilidad en un enorme árbol de Navidad.

Decía Ray Loriga que las mujeres cuentan con sus… como los Estados Unidos cuentan con sus… no están acostumbrados a la derrota, ni las mujeres, ni los Estados Unidos. Mae West les ha cogido el sitio a los alemanes, ellos tampoco están muy acostumbrados.

Rita McBride expone en el MACBA hasta el 24 de septiembre, donde también se proyecta "Day After Day". 

Fotograma de la película "Day After Day" de Alexander Hick (2011)
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ANASTASIA KHOROSHILAVA

A. Khoroshilova. Toy #1, 2006. Serie Toy
Si te fijas bien, el mundo está hecho básicamente de relaciones. Todo cuanto hacemos o dejamos de hacer se construye sobre una relación. Familia, amigos, trabajo… esto es más fácil de entender, pero no deja de ser vital nuestra forma de relacionarnos con otros objetos o situaciones menos evidentes… cómo nos relacionamos con la incertidumbre, la creatividad, un sueño o una afición, con tu destreza o tu torpeza, con la ley o una institución…

Con Islanders (2002-2005), Anastasia Khoroshilova explora la relación del individuo con las instituciones públicas. Lugares sin aliento, austeridad es decir poco. Alguien colocó una planta junto a una ventana, otro alguien, si acaso, la riega… si las paredes hablaran… Y allí crecen niños y viven personas y se despliega un mundo afectivo e inevitablemente entran en relación.

A. Khoroshilova. In the Corridor #1, 2003. Serie Islanders
Toys (2006) es un subproducto de este primer proyecto. Cuando Anastasia entró en un orfanato para seguir su "expedición institucional", se le partió el corazón. Y es que, como dice Oscar Molina, el camino tiene dos direcciones.
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YAO LU O NUESTRA FORMA DE ESTAR EN EL MUNDO

Yao Lu
 
Fotografía es jugar con el tiempo. La realidad es una manera de estar en el mundo. “A ciencia cierta” es un cúmulo de eventos que se repiten una y otra vez, y que nosotros nos ocupamos de ordenar y relacionar, como eslabones de una cadena.

Fotografía es hacer ver lo que no hay, dar pistas, remover conciencias, acercar un mundo y sugerir otro. Y esto parece que es lo que Yao Lu nos propone con su serie “Landscapes”.  Imágenes que parecen pinturas tradicionales chinas. Entras en la sala y te relajas en esa especie de equidad zen, pero todo es mentira. Lu te está haciendo partícipe de una ilusión. Te acercas, miras el detalle y tomas conciencia de tu propia inocencia. Eres un April fool, una vez más. Son fotografías construidas a partir una realidad, a menudo, negada, una muerte anunciada… Esas imágenes representan el lado oscuro de ti y de mí, cara o cruz, el salón de los espejos.

Fotografía te muestra, una vez más, nuestra forma de estar en el mundo.
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JITKA HANZLOVÁ TE SUSURRA AL OÍDO


Jitka Hanzlová, 2007
Dicen que los caballos son capaces de comunicarse en un lenguaje que sólo algunos humanos pueden de entender. Cuando eso ocurre, uno enseguida se da cuenta, escucha un “click” y procura, a lo largo de la vida, volver a ese contacto primario, tan instintivo y tan difícil de comunicar a los otros humanos. Conozco a algunas personas tienen este sexto sentido, pero no conozco a nadie que lo haya intentado explicar con palabras, tienen cero interés en transmitirlo, eso es cosa de ellos. El círculo se cierra.

Conocí a Jitka Hanzlová a través de su fotografía. Ella tiene este sexto sentido, lo sé. Su obra invoca algo de ti que está muy adentro tuyo, lo saca y ahí estáis los dos, eso muy tuyo y tú, contemplando sus fotos, intentando que el tiempo pase aún más despacio. Avanzas por la sala arrastrando los pies entre bosques, caballos y retratos de gente contemporánea a ti pero de otro siglo.

Jitka te susurra al oído que el ritmo de tu vida sólo lo marcas tú.

*Puedes visitar la exposición de Jitka Hanzlová hasta el 2 de septiembre de 2012 en la Fundación Mapfre (sala de exposiciones Azca), Madrid.
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PERSONALIDAD DE UNA FOTOGRAFÍA

Giacometti visto por Richard Avedon, 1958
En el retrato, el primero que se desnuda es el retratista, y hay algo de verdad en eso. Cada persona tiene su propia forma de ver el mundo, muy determinada por nuestra personalidad. La personalidad la entendemos como la manera estable, constante y habitual de ser de una persona. De vivirse a sí misma y de vivir el mundo, la vida y la relación con los demás. Es una especie de procesador que determina nuestra mirada hacia nosotros mismos (cómo nos vemos) y hacia los demás (cómo los vemos). Esta forma de ver condiciona y determina también el modo en que tenemos de relacionarnos con todo lo que nos rodea. La personalidad es, pues, la lente de la mirada.

Alberto Giacometti (1901-1966) fue retratado por Henri Cartier-Bresson (1908-2004) y por Richard Avedon (1923-2004). Ambas fotografías son el vivo reflejo sus autores, y eso condiciona al propio retratado. Bresson, esquivo y discreto, capta a un Giacometti muy en su mundo, y Avedon, mucho más frontal, invade a Alberto, que se le escapa como puede del compromiso de la relación. Ambos retratos son increíbles, porque reflejan muy bien la forma de estar en el mundo de los tres. Y es que hay fotos, que hablan por las cuatro esquinas.

Giacometti visto por Cartier-Bresson, 1932
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