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MEMORIAS COMPARTIDAS CON MARRUECOS


El próximo 12 y 13 de diciembre se celebrará un encuentro transfronterizo, "Memorias compartidas. Andalucía-Marruecos a través de la fotografía histórica", en el marco del programa Rimar, que se desarrolla con ayuda de la UE y la cofinanciación comunitaria FEDER. El proyecto cuenta con un consorcio de 3 beneficiarios: Instituto Andaluz del Patrimonio Artístico, Centro Andaluz de la Fotografía y el Ministerio de Cultura Marroquí, Región Tánger-Tetuán. El encuentro, que se celebrará en la sede de la Biblioteca de Andalucía, pretende mostrar las acciones que se están desarrollando en torno a la documentación fotográfica a ambos lados del Estrecho. En él participarán instituciones y profesionales de reconocido prestigio que darán a conocer sus experiencias en el campo de la digitalización, preservación y difusión del patrimonio documental fotográfico. Entre los objetivos del mismo, se encuentran la digitalización de los fondos fotográficos de Tetuán, donde tantos españoles vivieron, y su puesta en valor y comunicación. Estamos deseando ver los resultados!

La inscripción a las jornadas es gratuita, hay 50 plazas y para participar hay que enviar un breve curriculum al correo electrónico rimar.iaph@juntadeandaluacia.es. Programa en pdf.
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"THE FAMILY OF MAN", EN TODA SU VIGENCIA

"The family of man" en el MOMA (NY)
“The Family of Man” ha sido la exposición fotográfica con mayor itinerancia y más vista de todos los tiempos, con más de 9 millones de espectadores. Su catálogo ha sido el libro de fotografía más vendido de toda la historia. Este es el “momento Guinness de los Records”.

La exposición se inauguró en enero de 1955 en el MOMA de Nueva York y viajó durante siete años por 38 países. Edward Steichen, que en ese momento era el director del departamento de fotografía del MOMA, fue su comisario. Actualmente permanece en el Château de Clervaux (Luxemburgo) donde forma parte del Programa de Memoria Histórica de la UNESCO. Este es el “momento dato”, pero te ayudará a entender mejor lo que sigue.

"The family of man" en Clerveaux (Luxemburgo)
Steichen fue un intelectual, de los primeros artistas que condujo la fotografía a las galerías de arte, a los museos. Pionero de la fotografía contemporánea, Steichen fue a la fotografía lo que Freud, al psicoanálisis. Estamos ante grandes visionarios, mentes muy superiores y su aportación es inmesurable. Cualquiera de nosotros necesitaría tres vidas para hacer los que estas personas hicieron en una. Ni un minuto en vano.

Pero ¿cuál fue el sentido de esta inmensa exposición?, y su tema... ¿de qué se trataba?, ¿por qué se movió por todo el mundo?, ¿qué hizo que tantas y tantas personas fueran a verla?, ¿cuál es su magia?... y sus críticas, ¿hacia dónde fueron sus críticas?... 


Los antecedentes: Esta exposición se gestó en un contexto de enorme incertidumbre y mucha tensión debido a la Guerra Fría. Hiroshima estaba a la vuelta de la esquina, millones de personas habían visto los espantosos efectos de la bomba atómica y vivían bajo la terrible amenaza de una guerra nuclear. Por otra parte, la ONU empezaba su andadura y la controvertida Declaración de los Derechos Humanos no había hecho más que ver la luz.


El tema: “The Family of Man” reafirma la fe en la humanidad para una audiencia que, como la mirada de un niño que ha visto cosas que no le corresponde ver, vivía bajo la amenaza de su propia extinción. Fue creada, en palabras de Steichen, “en un apasionado espíritu de amor devoto y de fe hacia el ser humano”. Enfatizaba la paz, el amor al hombre, la conciencia humana más allá de la conciencia social. Presentaba a un hombre sin fronteras, sin etnia, ni grupo social o económico, geográfico o político.
La instalación disponía las fotografías por temas (amor, nacimiento, trabajo, familia, educación, guerra, paz...) de un modo totalmente innovador, por fuera de todos los esquemas con los que entonces se contaba.



La crítica: a “La Familia del Hombre” no le faltaron detractores, a Steichen tampoco. Las hay a decenas, desde los aspectos puramente formales, como que las fotografías son demasiado homogéneas en tonos, hasta los que señalaban la intencionalidad de Steichen y su código ético. Muchos le tildaron de tener una mirada demasiado naïf hacia el mundo, de comisariar una exposición moralista, ñoña, si me lo permitís, donde la individualidad y la identidad de cada retrato, de cada grupo etc., quedaba subordinada a una actividad común de todos los seres humanos (por ejemplo el trabajo, la educación). Hubo quién sospechó de tener una intencionalidad política (para los americanos liberales encarnaba la amenaza comunista, en España, por ejemplo no se mostró. Para los defensores del relativismo cultural suponía un grave peligro ya que subordinaba el valor de la tradición y de la diversidad en aras de representar las actividades comunes de la humanidad, asistíamos a la globalización del género humano mucho antes de que el concepto de “aldea global” existiera.


Los fotógrafos criticaban que Steichen, que había luchado durante décadas para elevar la fotografía a la categoría de arte como una entidad autónoma e independiente de la pintura, la usara ahora como forma de comunicación al servicio de un tema como la humanidad. Vieron una terrible osadía que cada imagen estuviera descontextualizada y que ambos, foto y autor, estuvieran al servicio de comunicar el tema principal. Ninguna fotografía aparecía como obra única, sino que cada imagen representaba las letras de una enorme carta que se le escribía a toda la Humanidad. Nadie era el protagonista de nada. La motivación principal era la supervivencia del Ser Humano en un clima de crisis nuclear, el narcisismo de los autores estaba en segundo o tercer plano, no era relevante.


El reto: Steichen se enfrentaba a un reto muy muy difícil. Esta exposición se gestó con la intención de que fuera contemplada por un inmenso grupo de gente, millones de personas. El punto era crear un sentimiento de confianza, de calidez hacia el ser humano en un clima lleno de suspicacia, desconfianza y división. Era cocinar un inmenso y exquisito caldo caliente apto para todos los paladares del mundo. 


Esta vez Steichen no promovía la fotografía como arte y a los fotógrafos como artistas, sino que jugaba a otro juego, con otras reglas. Esta vez se trataba de que la fotografía sirviera de lenguaje inteligible para una audiencia global, que el mensaje pudiera ser descifrado igualmente por el indio guatemalteco, por el moscovita o el japonés.
No creo que la actitud de Steichen fuera ingenua y plana, que tantos años y tantas horas dedicadas de lleno a esta exposición tuvieran una intención moralista y escolar. De hecho, creo que Edward Steichen adoptó una actitud sumamente responsable y de liderazgo moral en un momento en el que era necesario que los valientes se pronunciaran e hicieran. Un momento no muy distinto al que estamos atravesando ahora.
Como dice una querida amiga, “en la vida puedes hacer muchas cosas, pocas o ninguna; pero si no intentas nada, nunca harás nada”.
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ROBERT ADAMS EN FORMATO ENVOLVENTE

ParisFoto 2009, Julián Garnés García
Cada vez es más complicado disfrutar de una buena exposición que aúne cantidad y calidad presentando el trabajo de un autor en un "formato envolvente". No hablamos del tamaño de las copias, que no tienen porqué ser necesariamente grandes, sino más bien de un conjunto de factores que permiten una auténtica inmersión convirtiendo la visita en un viaje intenso donde cada imagen conecta con nuestros recuerdos y experiencias. La intensidad marca la diferencia entre ver la fotografía y vivir la fotografía. Y, desafortunadamente, esto es algo cada vez más difícil de encontrar en altos grados, en lo que a fotografía expuesta se refiere.

Siempre es un placer disfrutar de copias en pared pero está claro que la intensidad de diez copias en una pequeña sala o galería es algo menor que el que encontramos en una gran exposición como las de CaixaForum, Fundación Mapfre o Reina Sofía, por citar algunos ejemplos. Una autentica inmersión en el universo fotográfico de un autor requiere de un diseño expositivo en condiciones y un amplio espacio que garantice tiempo. No es lo mismo ver una exposición de diez minutos que aislarnos del mundo una hora. Esto es en fotografía lo que al cine la pantalla grande.

La crisis ha supuesto un cambio de paradigma en lo que a mostrar la fotografía se refiere. Hoy encontramos menos exposiciones y más austeras. Por suerte, el auge del fotolibro está viniendo a compensar esta falta de contacto, esta pérdida de intensidad que se produce entre la obra y el espectador. Ante el decreciente presupuesto expositivo, el fotolibro nos ofrece un consumo íntimo e individual mucho más intenso que algunas exposiciones. Las exposiciones de fotografía entran en el terreno de apuesta arriesgada para la iniciativa privada y poco atrayente para la pública. Y no hablemos de la autoproducción expositiva que queda ya como algo casi mitológico.

Por eso siempre nos alegra conocer buenas nuevas como la que nos llega desde el blog de Jon Uriarte ("En bruto"), que publicaba hace unos días un estupendo post sobre los lanzamientos expositivos y editoriales de esta temporada. De entre ellos destacamos en esta entrada la próxima exposición de Robert Adams en el Reina Sofía para el 15 de enero de 2013.

La alegría es doble, por un lado, por la presencia de la fotografía en grandes instituciones públicas como este museo, y por otro,porque vamos a tener la oportunidad de disfrutar de una gran exposición en formato envolvente sin tener que esperar a PhotoEspaña. El formato envolvente está garantizado si nos acogemos a precedentes como los monográficos dedicados a Edward Steichen o Alberto García-Alix por este centro de arte.

Robert Adams
En esta ocasión nos encontraremos con una selección de 250 fotografías que configuran la mayor muestra dedicada a Robert Adams en Europa, con un amplio recorrido por la obra de Adams desde sus inicios en 1965 hasta 2007.
Robert Adams es un testigo perpetuo del cambio en el paisaje del Oeste americano. Decimos perpetuo porque ya lleva más de cuarenta años observando cómo este entorno sufre las alteraciones de la mano del hombre. Adams presenta un paisaje en blanco y negro, desgarrado, arañado por la erosión del hombre, el urbanismo, las talas y otras incisiones que los seres humanos practicamos sobre el entorno despojándolo de su virginidad.

Su trabajo podría considerarse una antítesis al de su compatriota Ansel Adams, aunque ambos guardan en el fondo un sentimiento conservacionista que expresan de formas opuestas. De la belleza casi onírica de los paisajes de Ansel a la crudeza desalentadora de las imágenes de Robert.

Robert Adams llegó a la fotografía por casualidad. En 1967, la Universidad de Colorado Springs, donde era profesor de literatura inglesa, organizó un coloquio sobre el paisaje del Oeste norteamericano y le encargó una serie de fotografías sobre los alrededores de la ciudad. Este trabajo supuso un reto para él ya que apenas poseía conocimientos técnicos sobre fotografía y, a la vez, le descubrió un mundo que le haría abandonar la enseñanza para recorrer territorios que aún poseían ese lado salvaje de la leyenda del Oeste americano. Robert es, sin duda, un fotógrafo esencial en la historia de la fotografía estadounidense ya que ha sabido construir de forma ejemplar su propio lenguaje, evolucionando desde sus primeros trabajos en los años sesenta.

Robert Adams
Robert Adams
Robert Adams
Robert Adams
Robert Adams
Robert Adams
Robert Adams
Robert Adams, nacido en Orange (Nueva Jersey) en 1936, es conocido por sus imágenes en blanco y negro del oeste de Estados Unidos. Fue galardonado con el Premio Hasselblad 2009, uno de los más prestigiosos del mundo dentro del campo de la fotografía, por ser uno de los fotógrafos ‘más importantes e influyentes de los últimos 40 años’, según señaló el jurado en su fallo. Está representado por la galería Fraenkel en San Francisco y la Matthew Marks Gallery en Nueva York.

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PLOSSU, EL ÚLTIMO BEATNICK

Bernard Plossu, Taos, Nuevo México, 1979
"Bernard Plossu, el último beatnick". Así se llama el artículo que Antonio Ansón acaba de publicar en la revista digital FronteraD, una exquisita publicación dedicada al mundo de la cultura, el periodismo, el arte, la ciencia y la investigación, que edita -lo descubro con una sonrisa cuando buceo por el pie de página (no podía ser otro)-, el magnífico Alfonso Armada, acompañado del que presumo será un equipo de primera también pero del que desgraciadamente sólo conozco a Raúl, el genial ilustrador de El País.

Este artículo, escrito en 2009 y publicado ahora, transcurre a modo de diálogo mientras pasean por los alrededores de Riglos (Huesca), donde Bernard ha acudido a realizar un encargo y Antonio le acompaña como guía. Hablan de la carretera, de México, de Vietnam, de sus hijos, de Buñuel, del desierto, de sus padres, de los fotógrafos americanos, del dichoso flou que parece perseguirle, del azar, de su relación con la literatura, de sus magníficos y misteriosos talleres, donde sólo se camina, de Cartier-Bresson, de Robert Frank... de pura fotografía, en definitiva. Una gran lección de un pequeño-gran maestro. Imprescindible.
"¿Qué aconsejarías a los jóvenes fotógrafos?, pregunto. Que aprendan a ver imágenes, que vayan al cine y se tapen los oídos para que la música no interfiera, que vayan a los museos a ver pintura, que busquen las líneas de fuerza. Tratar de explicar el misterio de una imagen, sin embargo, resulta imposible. ¿Por qué una imagen mala encierra misterio, magia, duende, soplo? Eso es el misterio. En el mundo del arte y de la fotografía en particular los egos están sobredimensionados. A los jóvenes fotógrafos les recordaría las palabras de Céline: evocar la posteridad es echar un discurso a los gusanos".

Antonio, además de hombre sabio, profesor y poeta, es un enamorado de la fotografía y ha desarrollado una discreta pero intensa trayectoria en este ámbito. Entre otros, ha publicado los siguientes libros: El limpiabotas de Daguerre (Centro Puertas de Castilla, 2006), con prólogo de Ferdinando Scianna; Novelas como álbumes, fotografla y literatura (Mestizo, 2000); Los mil relatos de la imagen y uno más (DPH, UIMP 2003); Para qué fotografiar (DPH, UIMP 2004) y Relatos de fotografía (Castalia, 2006). Actualmente dirige la colección de libros de fotografia Cuarto oscuro para la Universidad de Zaragoza.




* Todas las imágenes de esta entrada son de Bernard Plossu y han sido positivadas utilizando el Proceso Fresson, una joya de la técnica que utiliza el proceso al carbón para obtener las impresiones en color más bellas que nunca he visto.


El proceso Fresson.
El proceso al carbón (con pigmentos constituidos de carbón vegetal pulverizado) fue inventado por Théodore-Henri Fresson hacia 1890. Su hijo Pierre realizó en 1952 el primer tiraje al carbón en color. Los pigmentos se extienden sobre un papel gelatinado, sensibilizado con bicromato de potasio y se expone bajo la acción de los rayos ultravioleta, la gelatina se endurece y aprisiona el pigmento. Cada imagen es entonces lavada frotándola constantemente con una mezcla de serrín y agua. Esta técnica se puede parecer al offset: tres imágenes en cyan, amarillo y magenta se superponen para recrear los colores; a continuación, se añade una cuarta capa negra. Se obtiene una cuatricomía con tonos continuos, sin trama.]
Fuente: FronteraD
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CARLETON WATKINS, PIONERO DEL ACTIVISMO FOTOGRÁFICO

Carleton E. Watkins (1829 NY–1916 California) fue un pionero en la utilización de la fotografía para reivindicar la conservación de espacios naturales en Estados Unidos, mucho antes que el obsesivo Ansel Adams se pusiera a lo mismo décadas después. Carleton consiguió en 1864 que el Congreso de los Estados Unidos protegiera el Yosemite Valley y lo declara en Parque Nacional.

Pero en realidad, Watkins fue un pionero en muchos otros sentidos. Arrastrado por la fiebre del oro, en 1851 viajó a California con Collis Huntington, que terminaría siendo uno de los poderosos propietarios del Central Pacific Railroad y para el que haría muchos trabajos documentando el gran invento con cámaras estereográficas, que eran su especialidad. Mientras, trabajó en una librería y en la galería fotográfica de Robert Vance, del que aprendió el oficio. El viaje que hizo a Yosemite en 1861, cargado con una enorme cámara de plazas y otra estereográfica, cuyas imágenes vendió a la vuelta, numeradas y motadas sobre cartulinas que cambiaban de color según la serie, lo consagraron como maestro de la fotografía de paisaje en la época y la medalla que obtuvo en la Exposición Mundial de París en 1868 lo confirmó.

En 1871 montó su propio estudio, después de años de trabajar para otros, pero la crisis del 75 lo arruinó y tuvo que vender todo su archivo a sus acreedores. No obstante, más fuerte que las montañas que tanto le gustaba fotografiar, Carleton empezó de nuevo y volvió, uno por uno, a todos los sitios que había fotografiado, a repetir las tomas. Eso sí, empezó la numeración de las nuevas placas en el número 3.000.

Cuando tenía 50 años se casó con su mujer, Frances Sneade, que tenía 22. Con ella envejeció feliz hasta que en 1906 un terremoto destruyó su archivo de placas de cristal completo, el trabajo de toda una vida. Su salud se deterioró y ya no volvió a hacer fotos. En la actualidad, sólo podemos admirar su trabajo a través de las copias que dejó sobre papel. La Eastman custodia unas cuantas y el resto las conservan varian instituciones, entre ellas la Central Pacific Railroad Photographic History Museum y The National Stereoscopic Association.
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RETROSPECTIVA DE PACO GÓMEZ EN EL CAF

Paco Gómez: Abuelo y nieto
El CAF de Almería y la Fundación Foto Colectania (que custodia sus negativos) inauguraron el pasado 23 de julio en la ciudad andaluza la primera exposición retrospectiva de Paco Gómez (1918-1998). Orden y desorden incluye más de cien fotografías originales del que para Ramón Masats fue el mejor fotógrafo de su generación.

Aunque no es muy conocido por el gran público y él siempre se consideró como amateur, la importancia de Paco en la fotografía española de los 60 y 70 es innegable. Su abstracción y simbolismo, fruto de una profunda visión de su entorno, se alejaba con fuerza del documentalismo imperante en la época. La ruina y la decadencia le atraían especialmente. Muy recomendable.

Paco Gómez: Luz y sombra
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PERSONALIDAD DE UNA FOTOGRAFÍA

Giacometti visto por Richard Avedon, 1958
En el retrato, el primero que se desnuda es el retratista, y hay algo de verdad en eso. Cada persona tiene su propia forma de ver el mundo, muy determinada por nuestra personalidad. La personalidad la entendemos como la manera estable, constante y habitual de ser de una persona. De vivirse a sí misma y de vivir el mundo, la vida y la relación con los demás. Es una especie de procesador que determina nuestra mirada hacia nosotros mismos (cómo nos vemos) y hacia los demás (cómo los vemos). Esta forma de ver condiciona y determina también el modo en que tenemos de relacionarnos con todo lo que nos rodea. La personalidad es, pues, la lente de la mirada.

Alberto Giacometti (1901-1966) fue retratado por Henri Cartier-Bresson (1908-2004) y por Richard Avedon (1923-2004). Ambas fotografías son el vivo reflejo sus autores, y eso condiciona al propio retratado. Bresson, esquivo y discreto, capta a un Giacometti muy en su mundo, y Avedon, mucho más frontal, invade a Alberto, que se le escapa como puede del compromiso de la relación. Ambos retratos son increíbles, porque reflejan muy bien la forma de estar en el mundo de los tres. Y es que hay fotos, que hablan por las cuatro esquinas.

Giacometti visto por Cartier-Bresson, 1932
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LA MEJOR CÁMARA DE PLACAS DE LA HISTORIA


 
Con motivo del Día Internacional de los Archivos, el General de la Región de Murcia celebró hace unos días una jornada de puertas abiertas que quiso destacar la importancia de la fotografía como parte significativa del patrimonio documental. Allí y hasta el 20 de julio se puede visitar una interesante exposición donde encontraremos una selección de preciosas cámaras antiguas y fotografías de los siglos XIX y XX, conservadas en el AGRM. Además se ha recreado un estudio fotográfico de época y, si nos atrevemos a posar en él a modo de retro photocall, nos llevaremos gratis nuestro retrato. 

Hoy hemos visitado la exposición y allí hemos estado departiendo un rato con Antonio Mesa del Castillo, trabajador del Archivo y aficionado a la fotografía. Con él hemos charlado sobre algunas de las cámaras de la muestra, como las espías del ejército norteamericano camufladas dentro de un paquete de cigarrillos, las cámaras de regalo con forma de bote de Coca-Cola o hamburguesa de McDonalds, la maravillosa Leica IIIc... Y, entre otras muchas curiosidades, con el hemos admirado la joya de la exposición, la que en la Photokina de 1958 elogiaron como "mejor cámara de galería". Y, ¡oh sorpresa!, resulta que las siglas de la cámara Anaca salen del nombre de un español y, para más señas, murciano: Ángel Navarro Candel unió sus conocimientos obtenidos como cerrajero, ayudante de ortopedia y reparador de aparatos de rayos X a su innegable talento para crear la cámara de placas Anaca, además de otros muchos inventos. Con 88 años, lo explicaba hace pocos días en una charla dada en el dicho archivo.

La fabricación de Anaca comenzó artesanalmente en 1953 en Espinardo, un barrio de Murcia. Luego se trasladó a unas instalaciones mayores en el Polígono Industrial de La Polvorista de Molina de Segura. Anaca obtuvo en sus cámaras de galería y sus ampliadoras una calidad sobresaliente y, hasta 1978 en que la firma fue comprada por una empresa norteamericana, exportó a todo el mundo. Para los interesados en este tema recomendamos el libro Anaca, el triunfo del ingenio.

Marcial Guillen - La Opinión

«Para mí era muy importante portarme bien con los clientes. Por eso, en cuanto alguno me comunicaba que le gustaría que la cámara tuviera algún cambio, le escuchaba y rápidamente trabajaba en ello para ir perfeccionándola. Incluso llegué a adaptar una Anaca para un fotógrafo ciezano que perdió el brazo derecho en un accidente de tráfico y me pidió que por favor hiciera algo para que pudiera seguir dedicándose a esta profesión. Lógicamente, lo hice». Angel Navarro.
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ÁFRICA POR ELLA MISMA

Samuel Fosso, autorretrato, 1980
Lens organiza hoy mismo, a las 20:00h, en su escuela, una proyección que lleva por título "¿Fotografía africana o fotografía en África? Una historia de miradas". La organiza Masasam, un equipo que organiza proyectos de comisariado y dirigen Sandra Maunac y Mónica Santos desde 2007.
"El continente africano sigue siendo el gran ausente o ignorado de la fotografía. Apenas unos cuantos nombres, que podrían contarse con los dedos de la mano, llegan a oídos de los aficionados, apasionados y conocedores de la fotografía a escala mundial. Nos referimos, por supuesto, a fotógrafos como Malick Sidibé o Seydou Keita, nombres que retumban africanidad y que, desafortunadamente, se utilizan de manera abusiva para abanderar el patriarcado de un supuesto estilo fotográfico africano".


Para los que le interese el tema pero no puedan acudir, imprescindible "L'Afrique par elle-même. Un siècle de photographie africaine", el catálogo de la exposición comisariada por Anne-Marie Bouttiaux, Jean Loup Pivin y Pascal Martin Saint Leon, organizada y expuesta en el Musée Royal de l'Afrique centrale de Tervuren (Bélgica) de mayo a septiembre de 2003, y editado por Editions Revue Noire, una editorial especializada en la fotografía hecha por africanos.
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ANCIENT LIGHT Y UN POQUITO DE HISTORIA


La fotografía y la ciencia han ido de la mano desde la invención de la primera. De hecho, el primer intento de hacer un libro a partir de procesos fotográficos fue un catálogo de las algas británicas: "Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions" (1843 – 1853). La primera parte del libro (que, como era habitual en los inicios del medio fotográfico, se publicó por fascículos) se adelantó unos cuantos meses al que está considerado tradicionalmente como el primer fotolibro: "The Pencil of Nature" (1844 – 1846).

Photographs of British Algae: Cyanotype Impressions

Con esta pretensión de apoyo al conocimiento científico llegaron más tarde los libros de temática astronómica. Lo más fácil (por brillante) y lo más cercano que fotografiar era, sin lugar a dudas, la Luna. El primero de ellos llegó pisando fuerte pues fue uno de los primeros casos en los que el valor documental de la fotografía se llegó a cuestionar; corría el año 1874 y James Nasmyth y James Carpenter publicaban "The Moon: Considered as a Planet, a World, and a Satellite". Debido a las largas exposiciones requeridas para fotografiar la Luna mediante la técnica del colodión húmedo, los disolventes alcohólicos se evaporaban antes de que la exposición requerida finalizara. ¿Cómo resolver el problema? Pues construyendo modelos de la Luna en yeso y fotografiándolos. Y más aún: en su empeño por demostrar que en la Luna había actividad volcánica, incluyeron lo que parecía humo en alguno de sus cráteres. He aquí un gran documento para la ciencia.

The Moon: Considered as a Planet, a World, and a Satellite
Con algo más de seriedad, y con las "nuevas" emulsiones, se lo tomaron Maurice Loewy y Pierre Puiseux en su "Atlas photographique de la lune". El libro fue publicado en 12 fascículos a lo largo de 14 años (1896 – 1910) y la calidad de sus imágenes tardó años en ser superada. Esta vez sí, para hacer las fotos, usaron un telescopio apuntando a la Luna, la de verdad.

Atlas photographique de la lune


Y en esta tradición, pero con una aspiración más estética, se encuentra una publicación mucho más reciente: "Ancient Light: A Portrait of the Universe", de David Malin. Publicado por Phaidon en 2009, el libro hace un recorrido desde la Luna hasta los objetos de cielo profundo como nebulosas, galaxias o cúmulos globulares a través de espectaculares imágenes en blanco y negro. En una edición mucho más próxima a la concepción del fotolibro que a la mera colección de fotografías, Malin hace un repaso principalmente por los cielos del hemisferio sur.

David Malin ha trabajado como fotógrafo-investigador en el Observatorio Anglo-Australiano desde 1975 y ha publicado su trabajo tanto en publicaciones científicas como en revistas como Life o National Geographic; ha desarrollado métodos de hipersensibilización de las emulsiones fotoquímicas con las que trabajaba en grandes placas de cristal; y fue uno de los pioneros en registrar el color verdadero mediante la combinación de tres tomas de B/N filtradas por colores.
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EL NUEVO FRANK

Frank O. Larson
 
Como ocurrió con la "fotógrafa niñera", Vivian Maier, los negativos de Frank Oscar Larson terminaron arrinconados en un sótano, tras fallecer antes de tiempo por las secuelas que le dejó el gas mostaza en la Primera Guerra Mundial. Hijo de emigrantes suecos, ejecutivo en Wall Street y violinista aficionado, su nuera descubrió en 2009 los negativos guardadados en sobres dentro de una caja de zapatos, mientras limpiaba. Y ha sido su nieto Soren, videocámara de Reuters, quien los ha puesto en valor.

Sus imágenes de los años 50 y 60 de barrios neoyorkinos como Queens, Chinatown y Times Square, tienen una formidable carga de sensibilidad y humor. Como Vivian, Frank nunca tuvo grandes pretensiones, no pasó de enviar unas pocas fotos a algún concurso para aficionados o de enseñarlas en el Flushing Picture Club. Ayer leímos en El Mundo que sus imágenes se muestran al gran público en el Museo de Queens. ¡A tiempo estáis de acudir!

«El trabajo de Frank no tiene nada que envidiar al de fotógrafos como Robert Frank, Walker Evans o Henri Cartier-Bresson. Sus imágenes juegan con los reflejos de los cristales y con el contraluz y nos sumergen en la atmósfera de una ciudad muy distinta de la que hoy conocemos».
Louise Weinberg, Museo de Queens (Comisaria de la exposición).
 
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NOS DEJÓ LARRAÍN, EL MAESTRO CHILENO

Sergio Larraín

En Chile nació y allí mismo murió ayer martes, a los 81 años, el gran fotógrafo Sergio Larraín Echenique. El de Santiago decidió dejar en su juventud los estudios en ingeniería forestal para empezar a disparar con una Leica IIIc que compró en EEUU. En los 50 retrató a los niños pobres de Santiago, a solicitud del Hogar de Cristo, y dos de esas fotos las compra Steichen en 1956 para el MOMA. Esto le abre las puertas y así, tres años después, el mismísimo Cartier Bresson le anima a trasladarse a Europa y formar parte de la Agencia Magnum

Leemos en la edición digital del diario La Tercera que la vida del autor del excelente reportaje sobre Valparaíso inspiró novelas, atrajo a Neruda y motivó a Cortazar a escribir un cuento que acabaría reinterpretando Antonioni para rodar su mítica película Blow up. Nada menos. 

Cuando estaba en el apogeo de su carrera, en los años 70, Sergio Larraín decide dejar la fotografía y dedicarse a la práctica del yoga, a la meditación y a pintar, negándose a conceder entrevistas. "Eventualmente toma fotos, pero sobre todo pinta paisajes de la zona. Lo que más le importa es salvar al planeta", afirmaba su hija Gregoria. Aunque algunos piensan que su retiro vino forzado por el reportaje que realizó, por encargo de Magnum, a la mafia siciliana.

Una vida apasionante. Os dejamos con la célebre carta con excelentes consejos que escribió a su sobrino Sebastian, que quería dedicarse también a la fotografía, y que en este video él mismo lee. Un día triste para Cienojos.

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PASAR AL OTRO LADO


Wilhelm von Pluschow. Retrato de Vincenzo Galdi, Posillipo (Napoli), hacia 1895. Lee Miller, fotografía de Man Ray, 1930. Tina Modotti, fotografiada en 1924 por Edward Weston.

La belleza de un cuerpo joven, a menudo, ha atraído la codicia de las miradas: ante la cámara mostraron sus cuerpos desnudos y desde esta carne atrapada, pasaron al otro lado. Vincenzo Galdi, Lee Miller, Tina Modotti sirvieron de modelos (desnudos) a W. Plüschow, Man Ray o Edward Weston, pero también supieron imponer su mirada con una cámara. Tres ejemplos distintos de una misma metamorfosis, tres caminos diferentes que comenzaron desde un mismo punto: frente al objetivo de la cámara de un fotógrafo.


Los estudios pornográficos, excesivamente audaces, que insultaron a la moral pública italiana de 1907 supusieron el final de la actividad fotográfica de Vincenzo Galdi, quien siendo un adolescente (casi un niño todavía), como tantos otros de aquella Italia pobre en tránsito entre los siglo XIX y XX, sólo poseía la desvergüenza de la pobreza y la belleza de su cuerpo puber expuestas al deseo de los cultos y ricos exiliados de las hipócritas sociedades del Norte de Europa. Pero él consiguió algo más que unas monedas de este paso por su lechos y sus cámaras; el oficio de fotógrafo (eso sí, pornográfico).

El caso de Lee Miller parte también de una infancia mancillada (fue violada por un amigo de su familia), pero en el París del período de entre guerras encontraría el diván del Surrealismo. Primero fue modelo de moda y más tarde conocería a Man Ray, con quien mantuvieron relaciones y para quien posaron tres de las mujeres que rompieron en mil pedazos los corsés de la moral burguesa y que serían vitales para los surrealistas: Kiki de MontparnasseMeret Oppenheim y, por supuesto, Lee Miller. Su cuerpo, desnudo y solarizado, el de las fotografías de Man Ray, nos habla del deseo y del trauma (no podía ser más que la mantis religiosa). Pero desde el diván de su aprendizaje, atravesando la lente, llegó a ser una de las primeras fotógrafas en trabajar para la agencia Magnum.

El caso de Tina Modotti también arranca desde su belleza y su cuerpo; en este caso fue Edward Weston su amante y su maestro. Juntos y acompañados de Brett (hijo de Weston) viajaron a México en el año 1922. Fue allí donde se inició en la fotografía, que desde un principio tomó en ella un valor de lucha. En este sentido, fotografía, vida y revolución serán inseparables en Tina Modotti. Cuando Weston volvió a USA, ella permaneció en México, afiliándose al Partido Comunista Mexicano, utilizando su fotografía como entendió su vida, como un medio de acción e intervención en la realidad, posibilitando (pese a los avatares políticos que le llevaron injustamente a perder la nacionalidad mexicana) la emergencia de una nueva generación de fotógrafos mexicanos, con fue el caso de Manuel Álvarez Bravo.


Estudio de desnudo; Vicenzo Galdi; Taormina, hacia 1890. Guardias vencidos pidiendo clemencia (Buchenwald, 1945) Lee Miller. Mujer de Tehuantepec,Tina Modotti, hacia 1928.

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OBSERVADOS

Walker Evans, de la serie "Subway", 1941

La Fundación Canal de Madrid inauguró el pasado 27 de octubre una exposición intersantísima, organizada por el San Francisco Museum of Modern Art y la Tate Modern, y patrocinada por Trellis Fund y la Phyllis C. Wattis Foundation. La muestra, que lleva por título "Observados. Voyeurismo y vigilancia a través de la cámara desde 1870", recoge el trabajo de autores como Brassai, Cartier-Bresson, Walker Evans, Robert Frank o Dorothea Lange, pretende enseñar, cómo el concepto de intimidad ha variado con el tiempo y cómo la vigilancia, en cualquiera de sus vertientes, está cada vez más presente, y de forma más natural, en nuestras vidas.

"La complacencia de ver sin ser visto. La mirada indiscreta en torno al erotismo, la violencia, el miedo, la muerte, el acecho a los famosos... Intromisión y una cámara son el eje de esta exposición de ciento setenta fotografías y dos piezas audiovisuales".

Hasta el 8 de enero.


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FOTOGRAFOS DE PELÍCULA, LOS INVENTORES DE MOREL

Fotograma de la pelicula "L'etoile de mer" (1929), de Man Ray
El movimiento se había revelado como el gran enemigo de la primigenia fotografía. El largo tiempo de exposición que necesitaban los primeros daguerrotipos hicieron necesario que los primeros fotógrafos madrugaran para poder mostrarnos unas ciudades aun dormidas, bodegones urbanos desprovistos de todo aquello que ofreciera el más mínimo rastro de movimiento. Poco tardó la fotografía en superar estas dificultades técnicas y el movimiento ya no supuso un problema. Entre los cuarenta y seis años que van desde la Vista desde la ventana en Le Gras de Joseph Nicéphore Niépce al caballo en movimiento de Eadweard Muybridge, no sólo queda solucionado esta cuestión sino que también, con el zoopraxiscopio, nace una nueva unión, la del cine y la fotografía.
Es interesante resaltar este hecho, puesto que no sólo el cine nace vinculado al trabajo de un fotógrafo sino que desde entonces (desde su gestación) muchos son los fotógrafos que han estado muy ligados con la realización cinematográfica. Esta breve reflexión sobre las relaciones de los fotógrafos con el cine no pretende ser exhaustiva sino marcar algunos hitos interesantes de la misma. Así, desde el galope de los caballos de Muybridge hasta el Mr. Freedom (1969) de William Klein, cabrían muchos más ejemplos de los que aquí de reseñarán. 
 
Un punto muy importante de este recorrido se sitúa en la década de los años veinte del siglo pasado. Por un lado, en la Europa de las primeras vanguardias y su investigación creativa, tiene en el año 1929 uno de estos grandes momentos. En la ciudad alemana de Stuttgar y organizada por la Deutscher Werkbund, se celebrará la famosa exposición de Film und Foto (FiFo). Ya desde su propio nombre queda patente esta unión de la fotografía y el cine que no podía pasar por alto la vanguardia. Junto a los fotógrafos alemanes de la Nueva Visión o Nueva Fotografía, encontramos a cineastas y fotógrafos vinculados al constructivismo ruso y al surrealismo francés y a la nueva fotografía directa norteamericana.

También al inicio de esta década y fruto de este maridaje de la fotografía y el cine podríamos decir que nace en Estados Unidos el cine documental, cuando en 1921 Paul Strand y el pintor y también fotógrafo Charles Sheeler realizan Manhatta. Género que también cultivará Henri Cartier-Bresson (Victoire de la vie, 1937; L’Espagne Vivra, 1938, y Le Retour, una película sobre el regreso de los prisioneros tras la Segunda Guerra Mundial realizada en 1945).
 
Para terminar este breve recorrido por el cine de los fotógrafos merecería la pena detenerse en la obra de William Kleim. Iniciada en 1958 dentro del emergente arte pop con Broadway by Light y que le hará abandonar la fotografía en 1965 para dedicarse desde entonces a la realización de un cine alejado de los circuitos comerciales pero que abarcará muy diversos géneros
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50 FOTOGRAFÍAS MÍTICAS


Aunque no nos apasionen los libros low cost de Taschen, su ubicuidad hace que, queramos o no, siempre nos topemos con ellos en las estanterías de librerías y grandes almacenes. Generalmente suelo ojearlos, y a veces sorprenderme. Es lo que me pasó con un título publicado este año por la editorial alemana: 50 fotografías míticas. Se trata de una colección de 50 fotos, no podía ser de otra forma, seleccionadas a criterio del autor, que recorren toda la historia de la fotografía.

Lo interesante del libro de Hans-Michael Koetzle es el análisis de todas las fotos que nos presenta, contextualizadas tanto históricamente como dentro del medio en el que se publicaron. Quizá falten algunas, o sobren otras, pero es un libro a tener en cuenta para los cotillas de la imagen. Koetzle es también el autor de Photo Icons, uno de los clásicos fotográficos de Taschen.
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YOUSUF KARSH, EL ARMENIO


Yousuf Karsh, "Autorretrato".

Yousuf Karsh (Mardin, 1908 - Boston, 2002) fue un gran fotógrafo armenio, aunque nunca vivió en lo que hoy conocemos como Armenia. Nacido en una provincia turca, antiguo territorio armenio, de una madre culta y un padre que no sabía leer ni escribir "aunque tenía un gusto exquisito", cuenta en su biografía que creció entre persecuciones, hambre, enfermedades y cárcel. Los armenios sufrieron un genocidio a manos turcas a principios del siglo XX (por cierto, fotografiado por el alemán Armin Theophil Wegner), aunque aún están peleando para que esta tragedia sea reconocida por Turquía, que niega todo, alegando mil excusas increíbles. Murieron dos millones de personas. Desde entonces, ocho millones de ellos siguen vagando por el mundo.

La familia de Yousuf consiguió escapar a Siria, después de una travesía de un mes a pie, y abandonando todo: su vida, su casa y sus propiedades. A los 17 años, el padre de Yousuf pudo enviarlo a Canadá, a estudiar con un tio que era fotógrafo, y allí empezó todo. Dice que cuando llegó a la escuela, sin saber inglés, y descubrió que sus compañeros no le tiraban piedras y se hacían sus amigos, no se lo podía creer. Pero su espíritu nómada lo acompaño durante toda su vida: hizo el Bachillerato de Arte en California, un Máster Profesional en Canadá y el Doctorado en Bellas Artes por la Universidad de Massachusetts, aunque sería en Boston donde finalmente se establecería.


Yousuf Karsh, "Winston Chuchill".

Con escaso reconocimiento internacional, a excepción del premio que le entregó el ICP de Nueva York, el Master of Photography Award en 1990, su carrera ha permanecido casi invisible para nosotros, aunque fue en un gran retratista, inspirado desde sus orígenes por una concepción teatral de la iluminación. Suya es la famosa imagen de Churchill, soberbio con una mano en la cintura y la mirada poderosa, el de Einstein, la madre Teresa de Calcuta, Grace Kelly, Humprey Bogart fumando y muchas más que, cuando visites su página, reconocerás.
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METINIDES Y LA HUMANIDAD DE LA VIOLENCIA

Enrique Metinides, 1960
Ayer descubrí, gracias a Pablo Ortiz Monasterio, a Jaralambos Enrique Metinides Tsironides (1934, Ciudad de México), un fotógrafo mexicano conocido como Enrique Metinides o "El Niño", porque publicó su primera foto a los 12 años. En realidad empezó mucho antes a hacer fotos porque su padre, que tenía una tienda en la que vendía cámaras fotográficas, un día le regaló una, cuando tenía diez años, con una bolsa de película, como él mismo cuenta en esta entrevista que le grabó la VBS.TV.

Especializado en lo que en México llaman "la nota roja" y nosotros "sucesos", Enrique cuenta, con una sencillez maravillosa, cómo se sentía atraído por esas imágenes, y cómo, al igual que Weegee, que andaba haciendo lo mismo un poco antes pero en Estados Unidos, se ha sentido olvidado por la profesión y su país. Aunque fue precisamente allí donde hizo su primera exposición, "El teatro de los hechos", a los 66 años, muestra que le abrió las puertas a la Photographer's Gallery de Londres y al MOMA de NY, donde ahora le representa la Galería Anton Kern, y que no ha dejado de reportarle desde entonces críticas favorables a su mirada "aestética" y realista, como recoge este artículo de The Guardian. Genial!
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FARM SECURITY ADMINISTRATION EN COLOR

Russell Lee
Después de la gran crisis de 1929, el gobierno de Estados Unidos emprendió una campaña de ayudas a los aparceros y granjeros del medio oeste americano. Para documentar las formas de vida de estas personas y llevarlas hasta las áreas urbanas e industrializadas se creó la división fotográfica de la Farm Security Administration. Algunos de los mejores fotógrafos de la época - Walker Evans, Dorothea Lange, Ben Shahn o Russell Lee - fueron empleados en esta empresa.

Hasta ahí nada nuevo; las fotografías, de dominio público, podían ser utilizadas por una pequeña cuota para ser publicadas en casi cualquier contexto. Su calidad y su ubicuidad hicieron que las imágenes dieran la vuelta al mundo. Pero hace un par de días, un buen amigo de cienojos me envía este enlace del Denverpost. Fotografías en color realizadas en el contexto de la FSA por Russell Lee, Jack Delano, Marion Post Wolcott y algunos otros de un mundo que hasta ahora había sido en blanco y negro.

Las fotos, junto con muchas otras, fueron objeto de una exposición en 2006 titulada Bound for Glory: America in Color que, por supuesto, no conocía.
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